La Escuela
La historia comienza con un sueño…
Siempre sentí un llamado hacia la astrología. Y fue en sincronía con mi primera revolución de Saturno que nació Del Cielo: una forma de traducir el lenguaje de los astros a través del arte.
Venía de las Bellas Artes. La astrología siempre fue mi pasión y mi incansable fuente de estudio e investigación —un camino que después formalicé, hasta certificarme con CAP-ISAR—, pero mi punto de partida no fue una escuela de astrología: fue el arte. Por eso, cuando empecé a escribir sobre el cielo, lo hice como sé hacerlo: con imágenes, con símbolos, con geometría sagrada. Abrí un blog y empecé a publicar reflexiones cósmicas junto a piezas de arte —mías y de otros artistas. Sin plan. Solo con la necesidad de compartir mis reflexiones
De ahí llegaron las primeras consultas. De las consultas, alumnas que ya no querían solo una lectura: querían aprender a leer ellas mismas. Así nació la formación en Astrología Interpretativa. Un grupo. Después otro. Y otro más, hasta que sin proponérmelo tenía una escuela funcionando en la costa centro-sur de Chile, donde vivo desde 2011.
A principios de 2020 me atreví a proyectar algo más grande: una escuela virtual, capaz de cruzar fronteras.
Solo puedo compartir aquello que llevo dentro. Por eso Del Cielo nunca fue una propuesta de cursos —es una propuesta de vida, coherente con lo que soy.
Llevo más de una década en consulta y más de diez años enseñando, y en ese tiempo aprendí que: la astrología no necesita reinventarse, necesita que la tratemos con la seriedad ancestral que siempre tuvo.
La tecnología me da algo que antes no tenía: alcance. Pero también un riesgo real —que la pantalla reemplace la cercanía. Por eso cuido, que la calidez de esa escuela pequeña que me formó como maestra sobreviva al salto digital. El sello de Del Cielo no está en la plataforma. Está en el detalle de cada material, en el cuidado detrás de cada palabra.
Y quizás esto sea lo más importante de todo: este es un camino de responsabilidad individual. Yo me comprometo a entregar lo mejor de lo que sé, sin reservas. Ustedes irán co-creando su propio programa de estudios, según lo que les vaya llamando en su propio camino de autoconocimiento.
Porque enseñar astrología nunca fue solo transmitir un saber. Fue —y sigue siendo— sostener un espacio para que otros se encuentren.
